jueves, 29 de enero de 2015

Guerra mental contra los sentimientos

El desbordante deseo de ilusiones me tiene presa.
¿Sabes de lo que te hablo? 
Mi dignidad, mi orgullo y mi autoestima están atravesando el subsuelo, estoy contando las horas para acabar con todo el sufrimiento y ¿cuál es la solución? Existen tantas formas de ponerle fin al dolor.
Estoy atrapada en odio propio, mi desesperación no ofrece libertad.
De alguna forma me derrotan mis pensamientos.
Me rompen la armadura en cada batalla.
Yo peleo con el cuerpo desprotegido, el corazón agrietado y los sentimientos vulnerables a todos mis martirios.
Por eso espero poder ser fuerte y soportar el dolor, y es que si el tiempo no lo cura, éste sentimiento terminará siendo locura.







La muñeca olvidada

Naufragó el desconsolado deseo de una joven de porcelana, dentro de la mente de una doncella.
Un lugar inalcanzable para la realidad.
Ella intenta desesperada, abrir una puerta olvidada en lo mas profundo de sus recuerdos.
Llorando y riendo, la doncella lo ve todo gris.
Las memorias que habían sido guardadas
 se alejan con la espuma del mar
cada vez que se rompe una ola.
Su corazón se siente cada vez más solo.
La melodiosa voz detrás de la puerta canta por el olvido, por el amor y los recuerdos.
La llave de la puerta desapareció entre los granos de arena dorada.
Llorando y riendo, los ojos de cristal que no producían lágrimas, ven a la doncella en sus recuerdos.
El cuerpo de porcelana al otro lado de la puerta sigue cantando, haciendo retumbar las paredes invisibles de la mente de una doncella.


viernes, 23 de enero de 2015

Encontrando el sentido del dolor

Me atraviesa el frío de éstas cuatro paredes rodeándome en silencio.
Quisiera saber qué tan lejos estoy de encontrarme con el nirvana, 
mientras más pasos doy, siento que voy retrocediendo
y todo lo que escribo es inútil poesía vana.

Y nada que quede aquí plasmado hará que vuelvas,
tal vez ni siquiera consiga deshacerme del dolor.
A todo siempre le estoy dando tantas vueltas,
sabía que tenía que ser fuerte si quería soportar tu amor.

Opresión; sensación de muerte estremeciendo mi pecho,
Estoy olvidando, despertando de mi corazón los latidos.
Mientras estaba llorando, noté que todo tenía un motivo.




viernes, 16 de enero de 2015

Otra yo

Una nostálgica melodía me recordó un pasado que había olvidado.
La canción nuevamente resuena en mi cabeza constantemente.

Aún cuando siento que todo está perdido, tú llegas para sosegar mi ansiedad.
Un sentimiento desconocido que estaba solo cae de mi corazón y se rompe en el trayecto.
Mis lágrimas son tan inútiles como éstos arrepentimientos, turbando mi respiración.

Una desconsolada yo, busca de donde sostenerse para no caer en pedazos. 
Aún cuando la esperanza es pequeña, otra yo confía con todo su corazón.
Incluso olvidé que en un sueño fue donde conocí a aquel que está encadenado a mis pensamientos. 

Confundida, no sabe cómo traer a la vida ése sueño, en que el final termina con un dulce beso y sigue sonriendo frente a un espejo.
Una joven enamorada separa los pétalos de una rosa y los deja flotar con el viento, dejando a su suerte el destino.

Incluso una doncella llorando lágrimas cual diamantes su helado corazón no logra conmover.
Ahora sus heridas son tan profundas que le duele decir "te amo".

Una yo envuelta en dolor desea que se acabe el sufrimiento, desesperada suplica de rodillas encontrar la felicidad un día.
Está de más decir adiós.


domingo, 4 de enero de 2015

Diciembre 16

Y, quizá si las cosas no hubieran sucedido de ésta manera, en éste momento yo me encontraría siendo asfixiada por todos mis errores y mis malas decisiones. 

Me estaría dando cuenta de que efectivamente, todo lo hice mal otra vez. 

Como siempre.

Y lo estaría notando tarde, tal vez muy tarde.

Soy de esas personas que hasta que están tocando fondo se dan cuenta de que todos tenían razón, excepto yo.
De alguna forma ya lo esperaba. Todo lo que dijo. Lo presentía porque él es igual a mi. Incluso se en qué momento dejó de sentir amor por mí, porque yo también lo dejé de sentir.

Probablemente fue eso lo que me gusto más que nada. La conexión que se sentía tan grande y al final terminó siendo insuficiente.

Quería apoyarlo. Quería estar con él.

Los dos estábamos cayendo en pedazos. 

Tratar de sostenerlo cuando yo no podía mantenerme de pie, era ilógico físicamente, pero tenía todo el sentido del mundo para mí.

Quería hacerlo feliz. Darle una felicidad inexistente, que yo no poseía; sin embargo, estaba segura de querer darle todo, aún lo que a mi me hacia falta.
Lo abracé durante un largo rato. 

Él hizo lo mismo.

Estaba segura de que ese sería nuestro último abrazo. 

Me dijo las últimas palabras que escucharía de él como mi todo.

Y sin más se fue, en la tarde de diciembre dieciséis.