Él es así.
Mitad oscuridad, mitad luz.
Es el rincón bañado de penumbra
que ignoras en una iglesia,
resplandeciente, exquisita y pura.
Es la incandescente estrella fugaz
que le arrancó a la noche oscura y desolada
un destello de esperanza.
Porque él es de esa forma.
Desesperado y pacífico.
Una agraciada alma atormentada
que aún conserva ese destello magnifico.
Su mirada tan perspicaz,
ahogada en oscuridad y tan vacía
guarda en su interior secretos,
mas algunos relatos de su melancolía.
Él posee un delicado corazón de hielo con núcleo de fuego.
Una voz tan profunda como el abismo en que se hunde.
Estúpido pensar que sales prendada
de esa actitud suya tan indiferente.
Y te seduce con su mirada,
a pesar de que nunca la sostiene.
Y se considera tan frío que no repara
en que sus ojos susurran y lo delatan.

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