Cuando habla de él
no puedo imaginar por cuanto tiempo
se tragó ese amor que presume
con cada palabra que pronuncia,
sin siquiera percatarse.
Y cuando lo mira,
lo hace de una forma tan extrañamente singular;
me provoca la ambivalencia de no saber si amar u odiar.
Lo conoce de todo a todo,
desde sus extrañas manías
hasta sus sueños más profundos.
Lo percibe, por lo menos cincuenta veces,
más acertadamente que yo.
Y eso que juro haberlo visto
tal vez pasadas una vida o dos.
Me molesta que él sin darse cuenta
ha deslumbrado con la peculiar belleza de su alma
a alguien más.
Y la envidio a ella,
que pudo conocerle,
qué dichosa es,
que le pudo hablar de frente,
muy a pesar de que, entre ellos
nada se pudo dar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario